REFLEXIÓN DIARIA 27 DE MAYO
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“El día que dejaste de escuchar”
Hay algo peor que discutir.
Dejar de escuchar.
Porque cuando una persona ya no escucha…
comienza a construir un mundo donde solamente ella tiene razón.
Y ahí nacen muchos infiernos silenciosos.
El esposo ya no escucha a la esposa,
solo espera su turno para defenderse.
Los hijos ya no escuchan consejos,
porque todo les parece ataque.
Los amigos ya no escuchan con interés,
solo responden para hablar de sí mismos.
Y poco a poco, todos hablan…
pero nadie se entiende.
Qué tragedia tan moderna.
Vivimos en la era de la comunicación inmediata…
y de la comprensión ausente.
Jesús escuchaba incluso a quienes nadie quería oír.
Escuchó al ciego.A la mujer rechazada.
Al endemoniado.
Al ladrón agonizando.
Porque escuchar no es quedarte callado mientras el otro habla.
Escuchar es darle dignidad a alguien.
Y aquí viene algo incómodo:
Muchos no escuchan porque ya decidieron que el otro “no vale tanto”.
Duro, pero cierto.
Cuando pierdes la capacidad de escuchar, también comienzas a perder humildad.
Por eso hay personas que arruinan relaciones por una enfermedad invisible:
la necesidad de tener siempre el control.
Interrumpen.Corrigen todo.Invalidan emociones.
Se burlan del dolor ajeno diciendo:“Estás exagerando.”
Y después se preguntan por qué la gente se aleja.
Nadie huye de la verdad dicha con amor.
La gente huye del desprecio disfrazado de sinceridad.
Hay palabras que no gritan…
pero aplastan.
Un mal gesto.Una mirada de fastidio.
Ese tono seco que hace sentir al otro como una carga.
Y luego vienen las frases hipócritas:“Sabes que te quiero.”
No siempre.
A veces quieres más tu ego que a la persona.
Porque amar también implica escuchar cosas que no te gustan sin convertirlas en guerra.
Cristo habría hecho hoy una pregunta incómoda:
“¿Cuándo fue la última vez que escuchaste para comprender… y no para defenderte?”
Qué silencio deja esa pregunta.
Porque muchos oran esperando que Dios los escuche…mientras ignoran a quienes tienen enfrente.
Curioso,
¿no?
Pedimos cielo…
pero despreciamos corazones aquí en la tierra.
Y no, escuchar no significa darle la razón a todos.
Significa reconocer que incluso alguien equivocado sigue siendo humano.
Hay hijos que solo necesitaban cinco minutos de atención…y recibieron un teléfono en la cara.
Hay parejas que no necesitaban soluciones…solo sentirse importantes.
Hay personas que dejaron de hablar no porque no tuvieran nada que decir…
sino porque entendieron que nadie quería escucharlas.
Eso destruye lentamente.
Porque el alma también se marchita cuando siente que no importa.
Y cuidado con esto:
El orgullo auditivo es peligroso.
Sí, existe.
Es cuando solo aceptas las voces que alimentan tu versión favorita de ti mismo.
Por eso algunos jamás cambian.Porque solo escuchan aplausos… y bloquean correcciones.
Pero quien rechaza toda corrección, tarde o temprano termina corrigiendo su vida a través del dolor.
Hoy quizá no necesitas hablar tanto.
Quizá necesitas guardar silencio un momento y observar.
Escuchar el cansancio de tu madre.El miedo escondido de tu hijo.
La tristeza que tu pareja disimula.
Incluso escuchar tu propia alma,
porque llevas meses ignorándola.
A veces Dios no responde rápido porque primero quiere enseñarte algo:
Que el amor verdadero no comienza en la boca.
Comienza en la capacidad de prestar atención.




















































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