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Sanando mi interior

Cuidar de mí: autocuidado como acto de amor adulto


En el camino de la sanación emocional, el autocuidado no es un lujo, sino una responsabilidad vital que asumimos como adultos conscientes.

Durante la infancia y la adolescencia, muchas personas aprendieron que atenderse a sí mismas era egoísta, inapropiado o simplemente innecesario.

Sin embargo, en la vida adulta, cuando enfrentamos nuestras heridas y buscamos transformarlas, descubrimos que cuidarnos con amor es el primer acto de reparación hacia ese niño o niña interior que muchas veces fue desatendido. Auto cuidarse no es sólo descansar, comer bien o hacer ejercicio, sino también poner límites, validar nuestras emociones y sostener nuestra estabilidad mental y espiritual. Tal como dice Brené Brown (2021), “el autocuidado no es indulgencia, es cómo tomamos nuestro poder de regreso”.

SANANDO MI INTERIOR

Además, el autocuidado representa la práctica más profunda del amor propio, ya que implica elegirnos todos los días, aun cuando no nos sentimos en nuestra mejor versión.
Es el arte de sostenernos sin exigencias, de crear entornos internos y externos que nos nutran y nos protejan. No es una moda ni un acto superficial: es una estructura interna que nos permite vivir en equilibrio. Según Kristin Neff (2003), experta en autocompasión, cuidarnos implica también reconocer nuestro sufrimiento sin minimizarnos, y ofrecer respuestas internas compasivas en vez de reacciones automáticas basadas en la exigencia o la culpa. Este tema busca transformar la visión que tenemos del autocuidado y devolverle su poder transformador.

1. Autocuidado físico vs emocional


Muchas veces, el autocuidado se reduce a prácticas físicas: dormir bien, alimentarse saludablemente, hacer ejercicio, tomar agua. Si bien estos son pilares esenciales, el verdadero bienestar integral requiere atender también lo que sentimos, pensamos y cómo nos hablamos. El autocuidado emocional implica observar nuestras emociones, darles lugar, validar lo que sentimos y no forzarnos a estar “bien” todo el tiempo. Según Guy Winch (2014), psicólogo y autor del libro Emotional First Aid, así como aprendimos a desinfectar una herida física, también necesitamos aprender primeros auxilios mocionales, y esto solo se logra con una actitud consciente de autocuidado
emocional.

Mientras el cuerpo nos advierte con señales cuando algo no está bien (fatiga, dolores, tensión), nuestras emociones también gritan cuando no son reconocidas: ansiedad,
irritabilidad, tristeza, agotamiento emocional. Ignorar el mundo emocional puede provocar tanto daño como descuidar el físico. Por eso, es fundamental equilibrar ambas dimensiones y entender que cuidarse no es solo “verse bien” por fuera, sino “sostenerse bien” por dentro. El autocuidado emocional requiere escucha interna, espacios de pausa, reflexión y el permiso para sentir.


Por último, debemos señalar que ambas formas de autocuidado están interrelacionadas. Una alimentación desequilibrada puede afectar directamente el estado de ánimo, mientras que una emoción reprimida puede somatizarse en el cuerpo. La psicología somática y la medicina psiconeuroinmunología han demostrado que el cuerpo y la mente están profundamente entrelazados. Por tanto, una práctica de autocuidado efectiva debe integrar todas nuestras dimensiones humanas: física, emocional, mental y espiritual.

2. Las áreas que descuido cuando no me priorizo

Cuando no nos priorizamos, comenzamos a descuidar de manera silenciosa pero progresiva áreas vitales de nuestra vida. Una de las primeras suele ser la salud física:
posponemos chequeos médicos, no respetamos nuestras horas de descanso, nos alimentamos de forma desequilibrada o permanecemos sedentarios. Esta negligencia no es solo falta de tiempo, sino muchas veces reflejo de una desconexión interna con nuestras propias necesidades. Según el Dr. Gabor Maté (2022), el cuerpo es el mensajero de aquello que no nos damos permiso de sentir, y muchas enfermedades crónicas están relacionadas con años de descuido emocional.
A nivel emocional, se manifiesta en relaciones poco nutritivas, en permitir dinámicas que nos desgastan, o en convivir con pensamientos que nos dañan. No priorizarnos emocionalmente implica también no poner límites, no decir “no” cuando algo nos hiere o aceptar cargas que no nos corresponden. En palabras de la psicóloga Nedra Glover Tawwab (2021), poner límites no es una agresión, es un acto de autocuidado que previene el resentimiento y el agotamiento emocional.
En el plano espiritual y mental, el descuido se traduce en desconexión con el propósito, con el sentido de vida, con la paz interior. Vivir en piloto automático, sin tiempo para reflexionar, meditar o reconectar con lo que realmente importa, nos convierte en versiones fragmentadas de nosotros mismos. Por eso, auto cuidarse es también volver al centro, dar espacio a lo que da sentido, alimentar la esperanza, el sentido de pertenencia, la creatividad y el silencio reparador.

3. Romper con el autosacrificio aprendido

Muchos de los patrones de autosacrificio que hoy perpetuamos fueron aprendidos desde la infancia. En contextos familiares donde se valoraba el “darlo todo por los demás”, muchas personas interiorizaron que cuidarse a sí mismas era egoísmo o debilidad. Crecer con estas creencias lleva a priorizar siempre las necesidades ajenas, posponiendo las propias hasta que el cuerpo o la mente colapsan. “El autosacrificio no es una virtud, es una señal de trauma no sanado”, sostiene la terapeuta Nicole LePera (2021). Es tiempo de cuestionar estos mandatos y elegir un camino más sano de vincularnos con el cuidado.
Romper con el autosacrificio implica reeducarnos emocionalmente. Significa atrevernos a poner límites, a decir “no puedo”, a reconocer que estar para otros no debe implicar dejar de estar para nosotros. Muchas personas, especialmente aquellas con heridas de abandono o codependencia, confunden amor con renuncia personal. Pero amar no es desaparecer en el otro; es ofrecer desde lo que somos, no desde lo que nos falta. El verdadero amor se sostiene en la reciprocidad, no en la entrega incondicional que nos deja vacíos.
Para lograr esto, es fundamental hacer un trabajo interno profundo: identificar las creencias que sostienen el autosacrificio, reconocer la herida original que alimenta esa necesidad de agradar o de “ser útiles” todo el tiempo, y comenzar a cultivar la valentía de cuidarse.

Cuidarse no es cerrarse al mundo, es aprender a dar sin romperse. Es un proceso que requiere autoconciencia, compasión y práctica diaria para poder vivir desde una verdad más libre.

5. Plan integral de bienestar

Para sostener una vida emocionalmente sana, es necesario diseñar un plan integral de bienestar que contemple no solo el cuerpo, sino también la mente, las emociones y el espíritu. Este plan debe ser personalizado, flexible y realista, y partir del autoconocimiento profundo. No hay recetas universales, pero sí principios comunes: descanso reparador, alimentación consciente, movimiento físico regular, expresión emocional saludable, gestión del estrés y conexión espiritual o existencial. El Instituto Nacional de Bienestar de Estados Unidos (NIH) ha definido al bienestar como “una integración dinámica del bienestar físico, emocional, espiritual, social e intelectual”.
Cuidarnos de forma integral significa reconocernos como seres complejos y Multidimensionales.
Diseñar este plan requiere identificar qué áreas personales están descuidadas o
debilitadas y qué pequeñas acciones pueden activarse para fortalecerlas. Por ejemplo, si la dimensión emocional está desatendida, puede incluirse el hábito de llevar un diario emocional, asistir a terapia o crear redes de contención afectiva. Si la parte espiritual está desconectada, pueden integrarse prácticas de meditación, caminatas conscientes en la naturaleza o momentos de silencio interior. Lo esencial es que el plan esté alineado con los valores y necesidades individuales, sin caer en el perfeccionismo o en modas externas.
Finalmente, el plan de bienestar debe verse como una brújula interna y no como una imposición. Más que una lista rígida de cosas por hacer, debe ser una guía amorosa para reconectar con nosotros mismos. Es importante revisar periódicamente si ese plan nos está nutriendo o si necesita ajustes. Como dice Deepak Chopra (1994): “el bienestar no es un destino, es una práctica diaria de conexión con lo que somos y con lo que nos sostiene”. La disciplina en este caso no es castigo, es autocuidado sostenido por amor ycoherencia interna.

6. Cuidarme sin culpa

Para sostener una vida emocionalmente sana, es necesario diseñar un plan integral de bienestar que contemple no solo el cuerpo, sino también la mente, las emociones y el espíritu. Este plan debe ser personalizado, flexible y realista, y partir del autoconocimiento profundo. No hay recetas universales, pero sí principios comunes: descanso reparador, alimentación consciente, movimiento físico regular, expresión emocional saludable, gestión del estrés y conexión espiritual o existencial. El Instituto Nacional de Bienestar de Estados Unidos (NIH) ha definido al bienestar como “una integración dinámica del bienestar físico, emocional, espiritual, social e intelectual”.
Cuidarnos de forma integral significa reconocernos como seres complejos y Multidimensionales.
Diseñar este plan requiere identificar qué áreas personales están descuidadas o
debilitadas y qué pequeñas acciones pueden activarse para fortalecerlas. Por ejemplo, si la dimensión emocional está desatendida, puede incluirse el hábito de llevar un diario emocional, asistir a terapia o crear redes de contención afectiva. Si la parte espiritual está desconectada, pueden integrarse prácticas de meditación, caminatas conscientes en la naturaleza o momentos de silencio interior. Lo esencial es que el plan esté alineado con los valores y necesidades individuales, sin caer en el perfeccionismo o en modas externas.
Finalmente, el plan de bienestar debe verse como una brújula interna y no como una imposición. Más que una lista rígida de cosas por hacer, debe ser una guía amorosa para reconectar con nosotros mismos. Es importante revisar periódicamente si ese plan nos está nutriendo o si necesita ajustes. Como dice Deepak Chopra (1994): “el bienestar no es un destino, es una práctica diaria de conexión con lo que somos y con lo que nos sostiene”. La disciplina en este caso no es castigo, es autocuidado sostenido por amor ycoherencia interna.

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