“Gigantes en mi Alma”
[Intro – hablada, voz grave, lenta]
Hay guerras que no se pelean con puños ni balas... sino dentro del pecho. Yo las conocí todas. Se llaman: Miedo, Ira… y Amor. [Verso 1] Crecí con miedo a fallar, y terminé fallando, miedo a morir, y por miedo… fui muriendo a diario. Aprendí a fingir fuerza, a sonreír sin alma, a callar lo que dolía mientras el trago me calmaba. No sabía que el miedo era mi sombra y mi maestro, que me hacía mentir, huir, esconder lo deshonesto. Me vestí de orgullo para no sentir vergüenza, y entre más me alababan, más profunda mi carencia. Dormía con demonios, rezaba sin fe, mi cuerpo en la tierra, mi mente… no sé. Decía “soy hombre”, pero era un niño perdido, buscando en cada copa al padre que no había tenido. [Verso 2] Después llegó la ira, roja como el infierno, rompí platos, juramentos, ya mí mismo por dentro. Quise vengarme de todos, sin saber que el cuchillo que yo levantaba… terminaba en mi ombligo. El odio me dio voz, pero me quitó el alma, me dio fuerza, pero mató mi calma. Critiqué, murmuré, herí con mi ironía, me reí de otros hombres… por no llorar el día. Creí que era libre bebiendo mi cadena, pero cada trago era un grito de condena. No era el alcohol el monstruo, era mi miedo, mi locura, mi ego queriendo amor sin pagar la factura. [Puente – más íntimo, tono confesional] Hasta que un día, cansado de huir, me vi frente a mí… sin máscara, sin copa, sin excusas. Y entendí algo que dolió más que la cruda: no estaba solo. Solo estaba vacío. [Verso 3] Entonces apareció el tercero… el que nunca vi venir: el amor. No con flores ni promesas, sino con verdad. Me mostró que perdonar no es soltar al otro, es soltar el peso que uno carga por dentro. Aprendí que el amor no se bebe, se practica. Que amar no es sentir bonito, es hacer lo correcto, aunque duela. Y fue ahí —en medio del silencio— cuando entendió el milagro más simple: no necesitaba huir… necesitaba volver. [Coro – hablado, con pausa, como reflexión final] Tres gigantes viven en mí: uno tiembla, otro arde… y el otro sana. Y cada día, elijo a quién alimentar. Hoy… elegí al amor. [Outro – tono esperanzador, lento] No hubo luces, ni aplausos, solo una mano tendida, una mirada limpia, y un Dios esperándome… como si nunca me hubiera ido. 🔥 Mensaje final: El miedo te esconde. La ira te destruye. El amor… te reconstruye.
