¿Por qué a mí? ¿Por qué me diste esta enfermedad?
- Autoconocimiento Humano
- 16 jun 2025
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 17 ago 2025

Señor Jesús, ¿por qué a mí? ¿Por qué me diste esta enfermedad? Jesús lo miró con ternura como quien ve más allá de la carne, directo al alma. No te di una enfermedad. La vida en este mundo herido por el egoísmo, el descuido y el paso del tiempo trae dolores, pérdidas y sí, enfermedades. Pero yo estoy aquí no para explicar el por qué, sino para revelarte el para qué. ¿Y para qué, Señor? Me duele, me estoy quebrando a veces solo cuando se quiebra el Se derrama el perfume escondido. Hay fuerzas en ti que ni tú conocías. Te di esta vida no para que evites todo sufrimiento, sino para que descubras que ni el dolor puede apagar el propósito que hay en ti. Esto que ahora ves como una maldición. puede ser el principio de tu misión, pero me siento solo, cansado, olvidado. Yo también me sentí así en Getsemaní. Mis amigos dormí, la cruz me esperaba y el sudor era como sangre, pero no estaba Solo el Padre me veía y a ti también te ve. Cada lágrima que cae de tus ojos cae también en mi costado. Te acompaño, yo cargo contigo esta cruz. Y si no me sano, Señor, y si muero así. Y si sanas por dentro, aunque no se sane lo de fuego. Y si tu alma se fortalece mientras el cuerpo se desgasta y si aprendes a vivir con más amor, con más perdón, con más gratitud, justo ahora que sientes que tienes menor, Pero no quiero sufrir, nadie quiere ni yo quise. Padre, si es posible, aparta de mí este cáliz. Recuerdas, pero añadí que no se haga mi voluntad, sino la tuya. Ahí está el secreto. No se trata de que entiendas el dolor, se trata de que me tomes la mano en medio de él, porque entonces nada será en vano. Ni una punzada, ni una noche en vela, ni una lágrima. Entonces, no estoy siendo castigado. No, no vine a castigarte, vine a rescatarte. Este no es un castigo, es un punto de partida. Tú eliges si es el principio de tu amargura o el principio de tu transformación.
Y si no tengo fuerzas,
entonces presta las mías.
Venid a mí los cansados y yo os haré descansar. No necesitas ser fuerte, solo necesitas dejarte amar y recordar el milagro más grande. No siempre es la sanidad del cuerpo, es la resurrección del alma. Ah.


Comentarios