REFLEXIÓN 31 DE MARZO
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Un hombre caminaba cada día con una lámpara en la mano… pero nunca la encendía.
Un hombre caminaba cada día con una lámpara en la mano… pero nunca la encendía.
Se quejaba de la oscuridad, tropezaba con piedras, culpaba al camino…y aún así, seguía avanzando a ciegas.
Un día, alguien le preguntó:
—¿Por qué no enciendes la lámpara?
El hombre respondió:
—Porque tengo miedo de ver lo que hay realmente delante de mí.
Entonces, la respuesta llegó firme, pero llena de verdad:
“No es la oscuridad lo que te detiene… es el miedo a ver con claridad.”
Ahora detente un momento… y respóndete con honestidad:
¿Qué parte de tu vida sabes que necesita luz… pero sigues evitando?
¿Qué verdad has decidido no mirar para no incomodarte?
¿Qué decisión llevas tiempo postergando por miedo a lo que implica?
Porque aquí está el punto que incomoda… pero libera:
Dios no te deja en la oscuridad.Eres tú quien a veces prefiere no encender la luz.
Y sí… verlo claro duele.Porque cuando enciendes la luz, ya no puedes justificarte.Ya no puedes culpar.Ya no puedes seguir igual.
Pero también…cuando enciendes la luz, encuentras el camino.
Imagina que Él te hablara hoy, sin rodeos:
“¿Hasta cuándo vas a caminar tropezando, si ya te di la luz?No te pedí que fueras perfecto…te pedí que fueras valiente para ver.”
Una verdad directa, sin adornos:
El cambio no comienza cuando todo mejora…comienza cuando decides ver lo que has evitado.
Hoy no necesitas más fuerzas.
No necesitas más tiempo.
No necesitas otra señal.
Necesitas encender la lámpara.
Y tal vez descubras algo que no esperabas:
El camino nunca fue tan oscuro…solo estabas caminando con los ojos cerrados.




















































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