Volví a ser aquel niño, heridas de la Infancia.
- Autoconocimiento
- 10 jul 2025
- 12 Min. de lectura
Actualizado: 16 ago 2025

Volver a la infancia: reactivación de viejas heridas.
La idea de “volver a ser aquel niño” evoca la reaparición de huellas profundas de la infancia. Las experiencias tempranas dolorosas –abandono, rechazo, humillación, traición, injusticia, etc.– dejan cicatrices invisibles en el alma que, al reactivar el “niño interior”, vuelven a doler con fuerza. En palabras de un manual de psicología, “las cinco principales heridas emocionales de la infancia” incluyen precisamente el rechazo, el abandono, la humillación, la traición y la injusticia https://altepsicologia.com.

Estas lesiones básicas del niño se forjan cuando alguien que necesitaba amor percibe que no lo merece: por ejemplo, nacer no deseado (rechazo), crecer sin afecto constante (abandono), ser ridiculizado o abusado (humillación), experimentar promesas rotas (traición) o vivir bajo tratos desiguales (injusticia) alte https://psicologia.comaltepsicologia.com.
Rechazo: el niño siente que no pertenece o que “no valgo nada”, como si no mereciera amor https://raltepsicologia.com psicológicamente.com.
Abandono: se instala la sensación de inseguridad vital por la falta de cuidado, cariño o protección parental alte psicologia.com psicológicamente.com.
Humillación: proviene de entornos violentos o degradantes (pobreza, burlas, abuso), donde el niño interioriza vergüenza y https://compsicologiaymente.com.
Traición: nace de la ruptura de la confianza (promesas incumplidas o deslealtades), dejando al niño desconfiado y https://temerosoaltepsicologia.com.
Injusticia: surge al enfrentarse a autoridades arbitrarias o favoritismos, generando rabia y una exigencia profunda de equidadaltepsicologia.com psicologiaymente.com.
Cada herida imprime creencias negativas (“No valgo nada, no soy deseado, no puedo confiar en nadie, el mundo es injusto…”https://psicologiaymente.com) que el niño herido adopta para sobrevivir. Con esas “creencias limitantes” construye una visión de sí mismo frágil y desconfiadapsicologiaymente.com. Según Dorothee von Stösser, este niño interior lleva esas ideas a la adultez, manteniéndose creyendo que siempre es insuficiente o culpable.
Este texto describe las profundas cicatrices emocionales de una infancia marcada por la ausencia parental y el abandono. El narrador relata la soledad experimentada mientras su madre trabajaba de noche y sus hermanos perseguían sus propios sueños, dejándolo a él sintiéndose solo y con miedo. Además, la fuente explora el dolor de la traición por parte de aquellos a quienes confió sus vulnerabilidades, quienes en lugar de ofrecer consuelo, repitieron su sufrimiento. A lo largo del relato, se percibe una lucha continua con el pasado, donde los fantasmas de la niñez persisten, afectando su presente y negándole un verdadero cierre emocional. Finalmente, el narrador expresa el impacto duradero de estas experiencias, afirmando que aunque ha crecido, el niño herido de su interior aún vive y no desea regresar a esa dolorosa etapa.
Reaparición de las heridas en la adultez
Como resultado, es común que el adulto reaccione con patrones defensivos infantiles en lugar de respuestas adultas maduras. La clínica muestra que «al llegar a la vida adulta seguimos usando esos mecanismos (de defensa) como cuando éramos niños, sin sanar realmente la herida, lo que puede hacer que repitamos patrones de comportamiento»altepsicologia.com. Por ejemplo, alguien con la herida de traición internalizada tenderá a desconfiar automáticamente y a testar su relación para ver si la otra persona “traiciona”, repitiendo una y otra vez el guion aprendido de niño (como ilustra el caso de “María” citado en la fuentealtepsicologia.com).
En la vida cotidiana esto se expresa en «triggers» o detonantes emocionales: situaciones pequeñas que “conectan directamente con la infancia” y provocan reacciones intensaspsicologiaymente.com. Von Stösser lo explica con crudeza: cuando el adulto es “triggered”, ya no reacciona desde el yo adulto, sino “como cuando eras niño/a y tenías miedo”; se defiende con las mismas estrategias aprendidas (pelear, callar, evadir)psicologiaymente.com. Por lo general estas respuestas son desproporcionadas (“reacciones exageradas ante situaciones que no valen la pena”psicologiaymente.com) y el afectado siente que el dolor es «como dardos inesperados en medio de un bosque», sacando a la superficie heridas pasadasgatopardo.com. En suma, el adulto actúa bajo la sombra de su yo infantil: se cierra, grita o huye no por lo sucedido hoy, sino porque inconscientemente revivió algo de su niñez.
Las experiencias traumáticas de la infancia tuvieron un profundo impacto en la identidad del narrador, marcándolo de maneras que persisten hasta el presente.
A continuación, se detalla cómo estas experiencias influyeron en él:
• Regreso a un estado infantil de vulnerabilidad y silencio: El narrador expresa que "volví a ser aquel niño sin voz" y que los "fantasmas [dormían] en mi colchón". Esta frase se repite, enfatizando la recurrencia de este estado emocional infantil a lo largo de su vida. A pesar de que afirma "Yo ya no soy ese niño de ayer", reconoce que "él aún vive y no quiere volver", lo que sugiere una disociación o una parte de su identidad que quedó atrapada en ese trauma infantil.
• Sentimiento de soledad y abandono: Desde pequeño, su madre trabajaba de noche como enfermera, dejándolo solo con "miedo". Sus hermanos estaban enfocados en su futuro, "sin tiempo para mí". Esto lo llevó a sentir una profunda soledad, marcando el número de teléfono con temblor para hablar con su madre y expresarle "mamá, estoy solo cuando llega el amor". La búsqueda de "abrigo y luz", y "una mirada que entendiera mi cruz" subraya su necesidad insatisfecha de apoyo y comprensión.
• Crecimiento en un ambiente de temor y falta de comprensión: El narrador "crecí entre silencios, dibujos y temor". Cada noche era "un abismo" y cada sueño un "rencor". Además, cuando confió su verdad, recibió el "mismo frío, sin piedad" de quienes lo escucharon. Aquellos que escucharon "mi herida sangrar me la repitieron sin parpadear", lo que indica una revictimización y falta de empatía por parte de su entorno.
• Persistencia de la sombra del pasado: A pesar de los años, "tanta sombra en mi niñez que aún me sigue sin por qué". Esto indica que las vivencias traumáticas no se quedaron en el pasado, sino que proyectan una influencia continua en su vida adulta, afectando su percepción y bienestar. El "volver al pasado fue sin avisar, con nuevas caras y el mismo final" muestra un patrón recurrente de dolor y traición, lo que refuerza la idea de que estas experiencias no solo lo moldearon, sino que también crearon un ciclo emocional.
• Impacto en la confianza y las relaciones: La dificultad de "revivir la historia cruel cuando uno ya dio lo más puro de él" y el hecho de que alguien "jugaste con mi verdad" muestran cómo estas experiencias afectaron su capacidad de confiar y lo llevaron a sentir un "llanto" y una "soledad" profundos.
En resumen, las experiencias traumáticas de la infancia, marcadas por la soledad, el miedo, la falta de comprensión y la revictimización, moldearon la identidad del narrador dejándole una parte de sí mismo atrapada en ese pasado doloroso, lo que se manifiesta en una persistente "sombra", un sentimiento de vulnerabilidad y una profunda huella emocional.
Perspectiva psicológica: el niño interior
La noción de “niño interior” condensa esta dinámica. Según esta teoría, cada adulto lleva dentro al niño que fue, con sus necesidades y heridas. Ese niño interior se ha montado creencias disfuncionales (como “Siempre debo portarme bien para ser amado” o “No debo molestar, mis necesidades no importan”psicologiaymente.com) que gobiernan inconscientemente su conducta. A pesar de la madurez física, las emociones del niño herido siguen latentes bajo la superficie. Cuando se despierta –por un triggereo emocional– se interfiere con la lógica adulta y surgen viejos guiones: miedo al abandono que provoca sumisión o enfado, necesidad de aprobación que genera ansiedad, etc.
Psicólogos humanistas y transpersonales resaltan que reconocer y “dialogar” con el niño interior es clave para sanar. Muchas veces esas viejas voces interiores son duras (“yo valgo poco”, “no merezco amor”, “tengo la culpa de todo”psicologiaymente.com) y requieren reprogramarse con compasión. En la práctica terapéutica se procura volver la mirada hacia esos “momentos quebrados” y consolarlos desde el adulto sabio, liberando gradualmente la carga emocional acumulada. Como señaló Von Stösser, sólo cuando el adulto entiende las creencias de aquel niño herido puede comenzar a desactivarlas: reconoce, por ejemplo, que dejar de ser una “molestia” para los padres no implicaba que no merecía atenciónpsicologiaymente.com. De este modo el adulto aprende a auto-acompañarse amorosamente, reenfocando la narrativa (“ya no tengo que temer ser una carga”) y sanando poco a poco las grietas emocionales.
¿Qué patrones de dolor y desconfianza se repiten en la vida del autor?
En la vida del autor, se repiten varios patrones de dolor y desconfianza, arraigados en sus experiencias traumáticas de la infancia y proyectándose hacia el presente:
• La recurrencia de la soledad y el abandono: Desde su niñez, el autor experimentó una profunda soledad al quedarse solo por las noches mientras su madre trabajaba como enfermera. Sus hermanos estaban absortos en sus propios futuros y "sin tiempo para mí", lo que intensificó este sentimiento de aislamiento. Esta soledad se perpetúa, ya que en la adultez sigue "esperando a alguien que no volveré", y es un legado de la traición que siente: "te dejo mi llanto, mi soledad".
• La repetición de la revictimización y la traición: El autor confió su "verdad", buscando comprensión, pero lo que recibió fue "el mismo frío, sin piedad". Aquellos a quienes confió su "herida sangrar" se la "repitieron sin parpadear", lo que indica una traición a su confianza y una falta de empatía. Este patrón de que su vulnerabilidad sea explotada o desatendida se reitera con la frase "jugaste con mi verdad", mostrando que su confianza ha sido quebrantada repetidamente.
• La persistencia del trauma infantil y la "sombra" del pasado: El autor expresa que "volví a ser aquel niño sin voz con los fantasmas durmiendo en mi colchón", una frase que se repite, evidenciando que el estado de vulnerabilidad y el impacto del trauma infantil no son eventos aislados, sino que son una condición recurrente en su vida. La "tanta sombra en mi niñez que aún me sigue sin por qué" subraya que el dolor y las consecuencias de esas experiencias lo acompañan constantemente, afectando su identidad y bienestar en el presente. Aunque afirma "Yo ya no soy ese niño de ayer", reconoce que "él aún vive y no quiere volver", lo que indica una lucha continua con el yo traumatizado del pasado.
• El ciclo de "nuevas caras y el mismo final": Una de las revelaciones más significativas de patrón es que "Volver al pasado fue sin avisar, con nuevas caras y el mismo final". Esta frase encapsula la experiencia de encontrarse repetidamente con situaciones dolorosas o traiciones, a pesar de que las personas o circunstancias externas puedan variar. Sugiere un patrón cíclico donde el autor se enfrenta a un dolor recurrente, similar al experimentado en su infancia, lo que dificulta superar el pasado.
• La dificultad para confiar y la vulnerabilidad explotada: El narrador lamenta lo "difícil [que es] revivir la historia cruel cuando uno ya dio lo más puro de él". Esto apunta a una profunda desconfianza generada por haber compartido su vulnerabilidad y haber sido herido a cambio. La necesidad insatisfecha de "abrigo y luz, una mirada que entendiera mi cruz" refuerza la idea de que sus necesidades emocionales básicas de apoyo y comprensión no fueron cubiertas, contribuyendo a un patrón de desilusión y una cautela persistente al abrirse a los demás.
¿De qué manera el pasado del narrador afecta su presente y futuro?
El pasado del narrador afecta su presente y futuro de manera profunda y persistente, manifestándose en patrones emocionales, dificultades en las relaciones y una identidad marcada por el trauma.
A continuación, se detallan las maneras en que el pasado influye en su vida actual y futura:
• Persistencia de la vulnerabilidad y el trauma infantil: El narrador describe cómo, en el presente, "volví a ser aquel niño sin voz con los fantasmas durmiendo en mi colchón". Esta frase, que se repite, indica que la vulnerabilidad, el miedo y la sensación de desamparo de su infancia no han desaparecido, sino que resurgen y coexisten con su yo adulto. Los "fantasmas" sugieren que los recuerdos y las emociones traumáticas de su niñez siguen activos, impactando su estado mental y emocional actual.
• La "sombra" del pasado que lo sigue sin razón aparente: Explícitamente, el narrador afirma que "tanta sombra en mi niñez que aún me sigue sin por qué". Esto significa que las experiencias dolorosas y traumáticas de su infancia no son solo recuerdos, sino una presencia constante y persistente en su vida actual. Esta "sombra" afecta su bienestar general, aunque no pueda identificar conscientemente el motivo.
• Repetición de patrones de dolor y traición: A pesar del paso del tiempo y de las "nuevas caras", el autor se enfrenta al "mismo final". Esto revela un patrón cíclico de dolor y desilusión que se origina en su infancia, donde la confianza fue traicionada y su vulnerabilidad fue desatendida. La dificultad de "revivir la historia cruel cuando uno ya dio lo más puro de él" sugiere que estas experiencias pasadas han dejado una marca en su capacidad para abrirse y confiar en los demás en el presente, afectando sus futuras relaciones.
• La parte de su identidad atrapada en el pasado: El narrador reconoce: "Yo ya no soy ese niño de ayer, pero él aún vive y no quiere volver". Esta poderosa declaración muestra que, aunque ha crecido, una parte de su yo infantil y traumatizado sigue viva dentro de él, negándose a sanar o a quedarse en el pasado. Esto implica una lucha interna constante que moldea su identidad actual y su camino hacia el futuro, impidiendo una liberación completa del dolor.
• Impacto en la confianza y las expectativas futuras: La experiencia de haber contado su "verdad" y haber recibido "el mismo frío, sin piedad", sumado a la traición de que su "herida sangrar" fuera "repetida sin parpadear", ha erosionado su confianza. En el presente, se encuentra "esperando a alguien que no volveré" y dejando su "llanto, mi soledad" a quien "jugaste con mi verdad". Esto indica que las heridas de la desconfianza persisten, afectando sus expectativas sobre las relaciones futuras y su capacidad para encontrar consuelo o conexión. El narrador sigue buscando "abrigo y luz, una mirada que entendiera mi cruz", lo que sugiere una necesidad insatisfecha que sigue proyectándose hacia su futuro.
Perspectiva espiritual: enseñanzas de Jesús
En el ámbito espiritual, la figura de Jesús también invita a abordar la herida infantil desde el perdón y la sanación del corazón. Los evangelios recogen que Jesús vino a “proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar libertad a los oprimidos…”es.scribd.com, metáfora de sanar al ser humano en su integridad. Tradicionalmente esto se ha interpretado como un anuncio de sanación interior: Cristo libera del miedo, del odio, del remordimiento y de los “recuerdos dolorosos del pasado”es.scribd.com. Desde esta óptica, regresar al niño interior significa traer esas ofensas infantiles a la luz divina del amor sanador.
Por ejemplo, la parábola del hijo pródigo puede verse como símbolo de la restauración: el padre perdona al hijo que volvió tras el dolor (sin culparlo de sus errores), reforzando que somos amados pese a nuestras heridas. Jesús mismo fue muy protector con los niños: “Dejad que los niños vengan a mí” (Mc 10,14) resalta el valor de la humildad y la fe inocente. Se dice que sólo quien reciba el reino de Dios “como niño” podrá entrar en él (Mc 10,15), sugiriendo que la confianza pura del niño es un modelo espiritual. En resumen, la enseñanza cristiana anima a cuidar al niño interior con ternura: aunque ese niño sufrió, Dios ofrece consuelo. De hecho, el ministerio de sanación de Jesús se basa en liberar “cautivos” emocionales, llenando de esperanza a los heridoses.scribd.comes.scribd.com.
Narrativa y arte: música y poesía
El tema del niño interior herido ha inspirado también muchas expresiones artísticas. Por ejemplo, la música rock y metálica suele reflejar traumas infantiles. En el blog musical iRock.CL destacan canciones que exploran el dolor en la niñez. Korn, en “Falling Away From Me”, pinta la “sensación de miedo dentro de tu propio hogar”, denunciando el abuso infantil presente en el entorno familiarirock.cl. Blink-182 en “Stay Together for the Kids” habla de las peleas de pareja como heridas de abandono y culpa para los hijos. Existen cientos de himnos –desde Rammstein hasta Green Day– que evocan infancia rota por rechazo, traición o soledad. Estas letras actúan como espejo para el adulto herido, recordándonos que nuestra experiencia no es única y que la música puede ofrecernos un abrazo simbólico en la tristeza.
En poesía, la voz del niño interior también encuentra refugio. La poeta norteamericana Louise Glück (Premio Nobel 2020) escribió poderosos versos sobre el dolor infantil. Un texto destaca: “Desde el principio de los tiempos, en la niñez, pensaba que ese dolor significaba que yo no era amada. Significaba que yo sí amaba.”gatopardo.com. Esta línea ilustra cómo el niño herido confunde la ausencia de amor con culpa propia. Otros versos de Glück señalan que “observamos el mundo una sola vez, en la infancia; lo demás es recuerdo”, sugiriendo que esa primera mirada marca el resto de la vida. Desde la narrativa de una periodista en Gatopardo hasta en canciones y arte visual, se describe cómo “los disparadores del dolor… despiertan recuerdos de la niñez que hemos sido incapaces de sobrevivir; un dolor que llevamos encima como segunda piel”gatopardo.com.
En efecto, la expresión artística pone en palabras y metáforas el proceso interior: cada “guitarra que llora” o verso que habla del niño amado-perdido es un puente hacia la sanación. Ayuda al oyente o lector a identificarse (“yo también viví eso”), a liberar emociones calladas y, finalmente, a redibujar una historia personal diferente. Así, la música y la poesía se vuelven aliadas del niño interior, devolviéndole voz y consuelo donde tal vez no lo hubo.
Conclusión: Volver al niño interior es un viaje delicado. Implica reabrir heridas antiguas (rechazo, abandono, humillación, traición, http://injusticiaaltepsicologia.com) para finalmente curarlas. En la adultez, estas heridas latentes pueden manifestarse con reacciones desmedidas que son vestigios de estrategias http://.compsicologiaymente.com. La psicología moderna propone atender al niño interior con compasión, mientras que la espiritualidad cristiana ofrece una mirada de perdón y restauración (como liberación de los “cautivos”es.scribd.com). En el arte y la narrativa encontramos eco de nuestro dolor: canciones y poemas nos acompañan, validan nuestra experiencia y sugieren que no estamos solos. En definitiva, explorar estas heridas (con la guía de la fe, la terapia y la creatividad) permite sanar de verdad aquel niño que alguna vez fuimos, transformando el dolor de “segunda piel”gatopardo.com en fuerza para la vida adulta.
Referencias: Conceptos extraídos de psicología infantil y terapia de http://.comaltepsicologia.com http://psicologiaymente.compsicologiaymente.com; Fenichel (1934) sobre reactivación de conflictos http://.udelar.edu.uy; enseñanzas bíblicas y catequéticas sobre sanación http://.scribd.comes.scribd.com; y análisis musical/literario de la infancia herida

ANÁLISIS DE: VOLVÍ HACER EL NIÑO DE AYER



















































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