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Clínicas de rehabilitación

  • hace 1 minuto
  • 21 Min. de lectura

Esta guía educativa ofrece una visión integral sobre la salud, el consumo de alcohol y la comunicación, diseñada específicamente para el entorno escolar. Los textos exploran la salud como un estado dinámico de equilibrio físico y social, analizando cómo el bienestar subjetivo influye en la realización personal. Asimismo, se detallan los procesos metabólicos del alcohol en el cuerpo, sus efectos nocivos en la conducción y las consecuencias legales derivadas de su consumo excesivo. El material también incluye un estudio profundo sobre la psicología publicitaria, enseñando a los alumnos a descifrar los elementos técnicos y emocionales de los anuncios. Finalmente, se proponen diversas actividades pedagógicas y metodologías de investigación para fomentar el pensamiento crítico y la responsabilidad entre los jóvenes.


¿Cuáles son las tres dimensiones de la salud humana?


Las tres dimensiones de la salud humana son la dimensión biológica, la dimensión psicológica y la dimensión social.


Estas dimensiones se definen de la siguiente manera:


Dimensión biológica:


 Se refiere a la salud funcional y al hecho de estar sano, lo que permite al individuo ser apto para soportar su medio sin enfermar. Esta dimensión puede medirse y cuantificarse mediante pruebas físicas como el pulso, la temperatura o la presión sanguínea.


Dimensión psicológica (o psíquica):


 Engloba los aspectos subjetivos de la persona, como la sensación de bienestar y su capacidad. Se basa en la percepción relativa que cada individuo experimenta a través de emociones y sensaciones como la armonía, el equilibrio y la alegría de vivir.


Dimensión social: 


Se define como la adaptación antropológica y cultural de la persona a su entorno natural, económico, productivo y sanitario.

En la actualidad, la salud no se entiende simplemente como la ausencia de enfermedad, sino como un concepto integral que representa un estado de bienestar completo en estas tres áreas, permitiendo que el ser humano se realice plenamente en su entorno. Estas dimensiones ejercen una influencia mutua entre sí, lo que provoca que cada persona valore su salud de forma distinta según factores como su edad o situación social.



¿Cómo se define el equilibrio entre la salud y la enfermedad?


El equilibrio entre la salud y la enfermedad se define actualmente de una manera dinámica y multidimensional, superando la antigua idea de que la salud es simplemente la "ausencia de enfermedad".

Los puntos clave que definen este equilibrio según las fuentes son:

La analogía de la balanza: La relación entre salud y enfermedad se describe como el juego de una balanza cuyos platillos buscan continuamente el equilibrio. No es un estado estático, sino un proceso constante de ajuste.

Cuestión de grados y niveles: La salud no es algo absoluto, sino una situación de niveles o grados que fluctúan en un continuo salud-enfermedad. Estos niveles pueden variar desde el máximo bienestar, pasando por una salud normal, hasta la enfermedad terminal y la muerte.

Homeostasis: Tanto el cuerpo como el cerebro requieren mantener un equilibrio interno u homeostasis para funcionar correctamente. Un determinante principal de la salud es el equilibrio entre las distintas sustancias (exógenas y endógenas) de nuestro organismo.

Relación con el medio: Autores citados en las fuentes definen la salud como una forma de vivir en equilibrio con el medio que nos rodea, ya sea mediante la adaptación del organismo a los estímulos externos o mediante acciones que modifiquen dicho entorno.

Dimensión subjetiva: La posición de una persona en este equilibrio depende en gran medida de su percepción relativa. La "salud subjetiva" se experimenta a través de sensaciones y emociones como la armonía, el equilibrio y la alegría de vivir, que invitan a la acción y la creatividad.

En resumen, la salud se entiende hoy como un estado integral de bienestar físico, psíquico y social que permite al ser humano realizarse en su espacio ecológico, manteniendo una capacidad funcional óptima a pesar de las fluctuaciones constantes.


¿De qué manera influye la edad en la percepción de salud?



La edad influye significativamente en la percepción de la salud, ya que una misma persona otorga valores diferentes a su estado de bienestar en función de la etapa vital en la que se encuentre. Esta valoración varía según las preocupaciones dominantes, la situación social y el grado de realización personal en cada momento.

De manera más específica, las fuentes destacan las siguientes diferencias según el grupo de edad:


Adolescencia: Durante esta etapa de "construcción" de la identidad física, psicológica y social, la percepción del peligro no es tan clara como en la edad adulta. Los jóvenes suelen tener una salud subjetiva basada en emociones inmediatas como la alegría de vivir o la búsqueda de sensaciones. Por ejemplo, en relación con el alcohol, su percepción está muy influenciada por la afiliación al grupo y el deseo de sentirse adultos, minimizando los riesgos biológicos frente a los beneficios sociales percibidos. Además, su falta de experiencia vital les hace menos aptos para establecer criterios de riesgo real.


Edad Adulta: Los adultos suelen tener una percepción del peligro más desarrollada y realista que los adolescentes. En esta etapa, la salud se vincula más a la capacidad de llevar a cabo funciones y responsabilidades laborales, familiares y sociales. Los patrones de conducta, como el consumo de alcohol, suelen ser más regulares y menos vinculados exclusivamente al ocio grupal.


Personas Adultas Mayores: 


En la vejez, el concepto de salud se ve influenciado por factores biológicos propios del envejecimiento. En sociedades desarrolladas, su percepción de bienestar suele estar muy ligada a la calidad de la atención sanitaria recibida.


En definitiva, aunque la dimensión biológica de la salud puede medirse objetivamente (pulso, temperatura, etc.), la salud subjetiva es una percepción relativa que fluctúa a lo largo de la vida conforme el individuo se adapta a su entorno natural, económico y social.


¿Qué factores determinan el estado de salud según el informe Lalonde?


Según el informe publicado en 1975 por Lalonde, quien fuera ministro de sanidad de Canadá, los determinantes del estado de salud se clasifican en cuatro grandes grupos interrelacionados entre sí:


1. Biología humana: Incluye factores internos al organismo como la herencia genética y los procesos de envejecimiento.


2. Medio ambiente físico y social: Abarca factores externos como la contaminación, la pobreza, la marginación, así como los valores y creencias de la sociedad.


3. El estilo de vida: Se refiere a las conductas y hábitos personales, tales como la alimentación, la realización de ejercicio físico o el consumo de drogas.

4. El sistema de asistencia sanitaria: Comprende la calidad y la accesibilidad de los servicios de salud disponibles para la población.


El informe, titulado "A new perspective on the health of canadians", destaca que es precisamente la interrelación entre estos cuatro factores la que determina si una persona o población goza de buena o mala salud.



¿Cómo afecta el alcohol a la biología de los adolescentes?


El alcohol afecta la biología de los adolescentes de manera más severa que a los adultos, principalmente porque se encuentran en una etapa de desarrollo donde su organismo todavía está "en construcción".



A continuación se detallan los principales impactos biológicos según las fuentes:


1. Inmadurez de los sistemas vitales


Sistema Nervioso e Hígado: En la adolescencia, tanto el sistema nervioso como el hígado no han madurado suficientemente. Esto provoca que el cuerpo del joven no tenga la misma tolerancia a los efectos tóxicos del alcohol que la de un adulto.


Metabolismo precario: Debido a sus condiciones físicas todavía en desarrollo, los adolescentes tienen capacidades más precarias para metabolizar la sustancia, lo que intensifica los efectos tóxicos.


2. Impacto en el cerebro y dependencia


Alteración neuronal: El alcohol puede provocar cambios permanentes en las neuronas para compensar su presencia. En los adolescentes, el proceso constante de cambio fisiológico facilita que se instale con mayor rapidez la dependencia física y psicológica, acelerando el proceso de adicción.


Barrera Hemato-Encefálica (BHE): El acetaldehído (producto del metabolismo del alcohol) puede atravesar la BHE cuando se consume en grandes cantidades, accediendo al Sistema Nervioso Central y participando en los mecanismos neurobiológicos de la tolerancia y la adicción.


3. Alteraciones metabólicas inmediatas


La oxidación del alcohol en el cuerpo genera un desequilibrio químico con las siguientes consecuencias:


Hipoglucemia: La producción excesiva de glucosa en casos de abuso puede derivar en niveles bajos de azúcar en sangre.


Acidosis metabólica: El incremento de lactato (ácido láctico) en el organismo propicia este estado de desequilibrio.


Acumulación de lípidos: Se produce un aumento de triglicéridos hepáticos, lo que facilita la acumulación de grasas en el hígado.


4. Consecuencias físicas y riesgos orgánicos


Efectos inmediatos: El consumo intensivo puede provocar resacas, coma etílico, pérdida de reflejos, falta de coordinación motora y desorientación.


Daños a largo plazo: El abuso prolongado, incluso si se inició por curiosidad adolescente, puede derivar en enfermedades graves como cirrosis hepática, gastritis, úlceras, cardiopatías (insuficiencia cardíaca) y deterioro del Sistema Nervioso Central (amnesia, temblores y lentitud de pensamiento).


5. Diferencias biológicas por sexo


Las fuentes señalan que el alcohol afecta de forma distinta según el género del adolescente:


Mujeres: Generalmente presentan niveles de alcoholemia más altos con la misma cantidad de bebida debido a que tienen un menor volumen de líquido corporal y, proporcionalmente, más grasa (donde el alcohol no se disuelve). Además, disponen de menos enzimas gástricas para degradar el alcohol.


Finalmente, cabe destacar que los daños producidos por abusos puntuales en periodos cortos de tiempo, especialmente en etapas tempranas, pueden traducirse en trastornos crónicos en el futuro.



¿Qué factores determinan la salud según el informe Lalonde?


Según el informe publicado en 1975 por Lalonde, quien fuera ministro de sanidad de Canadá, los determinantes de la salud se clasifican en cuatro grandes grupos interrelacionados entre sí.


Este informe, titulado "A new perspective on the health of canadians", establece los siguientes factores determinantes:


Biología humana: Incluye factores internos del organismo como la herencia genética y los procesos de envejecimiento.


Medio ambiente físico y social: Abarca elementos externos como la contaminación, la pobreza, la marginación, así como los valores y creencias de la sociedad.


El estilo de vida: Se refiere a las conductas y hábitos personales, tales como la alimentación, la realización de ejercicio físico o el consumo de drogas.


El sistema de asistencia sanitaria: Comprende la calidad y la accesibilidad de los servicios de salud disponibles para la población.

Las fuentes destacan que estos factores no actúan de forma aislada, sino que están interrelacionados entre sí, y es precisamente esa relación la que determina si una persona o población goza de buena o mala salud. En ejercicios prácticos basados en este modelo, se señala además que el equilibrio entre estas variables es fundamental para prevenir enfermedades.


¿Cómo influye la presión de grupo en la salud social?


La presión de grupo influye de manera significativa en la salud social, definida como la adaptación antropológica y cultural de una persona a su entorno y su capacidad para cumplir con sus funciones y responsabilidades. En las fuentes se destaca que esta influencia es especialmente crítica durante la adolescencia, etapa en la que se construye la identidad social.


A continuación se detalla cómo esta presión afecta las distintas áreas de la salud social:


1. Factor de riesgo y cohesión social

La presión de grupo actúa a menudo como un motor para el inicio de conductas de riesgo, como el consumo de alcohol o drogas. En el contexto juvenil, estas sustancias se perciben como un elemento de cohesión social y un "rito de paso" hacia la adultez.


Afiliación al grupo: Beber o consumir se convierte en una forma de "comunión" o socialización que el grupo impone como obligatoria para sentirse aceptado y no diferente.


Uniformidad de pensamiento: La presión puede anular el pensamiento crítico individual, favoreciendo modelos estándar de respuesta y conductas automáticas en lugar de decisiones autónomas.


2. Impacto en las relaciones y el entorno


Aunque la presión de grupo busca inicialmente la integración, los efectos de las conductas resultantes pueden deteriorar gravemente la salud social del individuo a largo plazo:


Alteración de la convivencia: El consumo influenciado por el grupo puede derivar en comportamientos transgresores, peleas, agresiones y actos de violencia que afectan la paz social.


Conflictos familiares: Estas conductas suelen enrarecer el ambiente en casa, provocando enfrentamientos con padres y familiares, lo que debilita la red de apoyo primaria.


Aislamiento y rechazo: Paradójicamente, cuando el consumo se vuelve un abuso o adicción, la sociedad tiende a rechazar al individuo, generándose estigmas y exclusión social.


3. Rendimiento y responsabilidad social


La presión de grupo puede desviar al individuo de sus objetivos vitales y responsabilidades:


Rendimiento escolar y laboral: El interés por las actividades grupales centradas en el ocio nocivo suele conllevar absentismo y una baja en el rendimiento académico o laboral.


Pérdida de vínculos previos: Se produce un abandono de amistades antiguas que no comparten los mismos hábitos y una pérdida de interés por actividades sociales positivas como el deporte.


Prevención y fortalecimiento de la salud social


Para proteger la salud social frente a la presión externa, las fuentes recomiendan:


Desarrollar habilidades individuales: Fomentar la libre expresión, la asertividad y el autocontrol para que el joven sea capaz de mantener sus decisiones ante las presiones de los líderes del grupo.


Fomento de redes de apoyo sanas: Los grupos de ayuda mutua (como los de 12 pasos) o las comunidades terapéuticas buscan restablecer la salud social mediante la identificación positiva con pares que comparten el objetivo de bienestar y sobriedad.


Uso del ocio: Promover espacios recreativos y culturales que permitan la ocupación del tiempo libre de forma saludable dentro de la comunidad.



¿Cómo influye la presión de grupo en la salud social?


La presión de grupo influye de manera determinante en la salud social, la cual se define como la adaptación de la persona a su entorno y su capacidad para cumplir con sus funciones y responsabilidades. En las fuentes se identifica que esta influencia actúa tanto como un factor de riesgo para conductas nocivas como una herramienta potencial para la recuperación.


A continuación se detalla cómo afecta la presión de grupo a la salud social:


1. El grupo como motor de conductas de riesgo


Durante la adolescencia, el grupo de amigos es el marco principal donde se construye la identidad. La presión grupal puede deteriorar la salud social al fomentar los siguientes mecanismos:


Socialización "obligatoria": El consumo de sustancias como el alcohol se organiza a menudo como un rito de paso hacia la adultez o una forma de socialización que el grupo impone para sentirse aceptado y no diferente.


Cohesión y "comunión": Beber se percibe como un elemento de cohesión social y ritualización de la unión del grupo (efecto "botellón"), lo que genera que los miembros presionen a otros para seguir la conducta colectiva.


Autoanulación para evitar conflictos: En muchos casos, los jóvenes adoptan comportamientos de autoanulación, dejando de lado sus propios criterios y decisiones autónomas simplemente para integrarse y evitar el conflicto con los líderes o la mayoría del grupo.


2. Deterioro de los vínculos y responsabilidades sociales


Cuando la presión de grupo lleva al abuso de sustancias, se producen consecuencias negativas en las diversas áreas de la salud social del individuo:


Relaciones familiares: El comportamiento influenciado por el grupo suele "enrarecer" el ambiente en casa, provocando enfrentamientos con los padres y conflictos que debilitan la red de apoyo primaria.


Rendimiento académico y laboral: La prioridad dada a las actividades del grupo de amigos puede derivar en absentismo, pérdida de interés por los estudios y una baja en el rendimiento laboral.


Convivencia y problemas legales: La necesidad de demostrar "dominio y poder" ante el grupo bajo los efectos del alcohol puede generar conductas transgresoras, peleas y actos de violencia que afectan la paz social y acarrean consecuencias legales.


3. La presión de grupo positiva en la recuperación


No toda influencia grupal es negativa; la salud social puede fortalecerse mediante grupos con objetivos saludables:


Identificación y apoyo mutuo: En programas como los de 12 pasos, el grupo funciona como un "sistema de espejos" donde la identificación con pares que sufren el mismo problema crea una alianza que facilita la abstinencia y la recuperación.


Restablecimiento de la red social: Estos grupos ayudan a la persona a salir del aislamiento, devolviéndole un sentido de pertenencia y estabilidad emocional que es fundamental para reintegrarse sanamente a la sociedad.


Prevención y fortalecimiento


Para proteger la salud social frente a la presión negativa, las fuentes subrayan la importancia de desarrollar habilidades individuales como la asertividad y el autocontrol. El objetivo es que el joven sea capaz de tomar decisiones autónomas y críticas, resistiendo el pensamiento uniforme o el modelo estándar de respuesta que el grupo intenta imponer.


¿Qué consecuencias tiene el alcohol en el hígado adolescente?


El consumo de alcohol tiene efectos especialmente severos en el hígado de los adolescentes debido a que este órgano aún se encuentra "en construcción" y no ha madurado suficientemente.


A continuación se detallan las principales consecuencias identificadas en las fuentes:


Menor capacidad metabólica: Debido a su inmadurez, el hígado adolescente tiene condiciones físicas precarias para metabolizar el alcohol, lo que hace que los efectos tóxicos sean mucho más fuertes e intensos que en un adulto.


Sobrecarga y colapso: El hígado es el encargado de asimilar el 90% del alcohol ingerido; cuando las cantidades son excesivas, la vía principal de metabolización se sobrecarga, lo que puede provocar un colapso hepático.


Acumulación de grasas (Hígado graso): La oxidación del alcohol aumenta la síntesis de triglicéridos, lo que facilita la acumulación de lípidos en el hígado.


Fibrogénesis hepática: El exceso de lactato en la sangre, producto del consumo de alcohol, reduce la excreción de ácido úrico e interfiere en la síntesis de colágeno, favoreciendo el proceso de fibrogénesis (formación de tejido cicatricial) en el órgano.


Enfermedades crónicas: Obligar al hígado a trabajar constantemente para procesar la sustancia tóxica deriva, tras un cierto periodo de tiempo, en patologías graves como la cirrosis hepática y la hepatitis.


Riesgo por mezcla de sustancias: El daño al hígado se incrementa significativamente cuando se mezcla el alcohol con sustancias estimulantes u otras drogas.


Es importante destacar que, debido a que el organismo adolescente está en constante cambio fisiológico, los daños producidos por abusos puntuales en periodos cortos de tiempo pueden traducirse en trastornos crónicos y enfermedades a largo plazo.



¿Cómo se define un consumo de riesgo en adultos?


En los adultos, un consumo de riesgo se define mediante límites específicos de ingesta diaria o semanal de alcohol, así como a través de herramientas de evaluación clínica.


A continuación se detallan los criterios para identificarlo:


1. Definición por cantidad de alcohol (Gramos y U.B.E.)

El riesgo se mide comúnmente en gramos de alcohol puro o en Unidades de Bebida Estándar (U.B.E.), donde una U.B.E. equivale a 10 gramos de alcohol puro (por ejemplo, una caña de cerveza o un vaso de vino).


Consumo diario de riesgo:

    ◦ Hombres: Ingerir 40 gramos o más de alcohol puro al día (4 U.B.E.).

    ◦ Mujeres: Ingerir 20 gramos o más al día (2 U.B.E.).


Consumo semanal de riesgo: Se considera conducta de riesgo si el total semanal excede los 280 gramos en hombres o los 168 gramos en mujeres, incluso si no se llega nunca al estado de embriaguez.


2. Evaluación mediante el test AUDIT


El AUDIT (Alcohol Use Disorders Identification Test) es la herramienta de la OMS utilizada para detectar patrones de riesgo. Se basa en una puntuación de 0 a 40:


Consumo de bajo riesgo: Puntuación de 0 a 7.



Consumo de riesgo / Alto riesgo: Una puntuación de 8 o más en hombres (o 7 o más en mujeres) es indicativo de un patrón de consumo de riesgo.


Consumo perjudicial: Puntuación entre 16 y 19.


3. Otros indicadores de riesgo


Mezcla con otras sustancias: El riesgo de una ingesta abusiva se define con dosis menores si el alcohol se mezcla con otros depresores del Sistema Nervioso, debido a la potenciación de sus efectos.


Efectos fisiológicos: Se ha observado una relación causal entre el incremento de la presión sanguínea y el consumo a partir de 30-60 gramos de alcohol al día.


Consumo perjudicial: Las fuentes también definen el "consumo perjudicial" como un patrón desadaptativo que ya manifiesta consecuencias adversas significativas y recurrentes para la salud física o mental.


Es importante destacar que existen colectivos para los cuales cualquier consumo se considera de riesgo y está totalmente desaconsejado, como en el caso de mujeres embarazadas, personas con ciertas enfermedades o cuando se va a conducir.



¿Qué peso tiene la herencia genética en la biología humana?


La herencia genética tiene un peso fundamental en la biología humana, siendo clasificada como uno de los cuatro grupos principales que determinan el estado de salud de un individuo. Según el modelo de Lalonde, la biología humana incluye tanto la carga genética como los procesos de envejecimiento, factores internos que interactúan constantemente con el estilo de vida y el medio ambiente para definir el bienestar o la enfermedad.


En términos específicos, la influencia de la genética se manifiesta de las siguientes maneras:


Vulnerabilidad y predisposición: La genética establece una predisposición biológica que puede hacer a una persona más vulnerable a desarrollar ciertas condiciones, como el alcoholismo o la dependencia de drogas.


Interacción con el entorno: Esta vulnerabilidad biológica no actúa de forma aislada, sino que se combina con factores sociales y psicológicos; por ejemplo, una persona puede tener una predisposición genética pero su salud final dependerá de cómo esa carga interactúe con sus hábitos personales.


Impacto generacional: El peso de la biología puede afectar incluso a la descendencia, como se observa en las malformaciones congénitas que pueden presentar los hijos de personas con alcoholismo crónico.


Protección legal e identidad: Debido a su importancia intrínseca, la ley reconoce las características genéticas como un factor por el cual nadie debe ser discriminado en la prestación de servicios de salud.


En resumen, aunque la genética es un determinante biológico sobre el cual no se puede actuar directamente (a diferencia del estilo de vida), su peso es decisivo porque configura la capacidad funcional y la resistencia del organismo ante los estímulos del medio.


¿Cómo afectan los estilos de vida al estado de salud?


El estilo de vida es uno de los cuatro grandes grupos de factores que determinan el estado de salud de una persona o población, según el informe Lalonde. Se define como el conjunto de patrones de comportamiento que define e identifica a un individuo o grupo, generado a través de la socialización en la familia, la escuela y la comunidad, y bajo la influencia de los medios de comunicación.


A continuación se detalla cómo estos hábitos afectan la salud humana:


1. Impacto directo en la salud física


Las conductas personales tienen un efecto inmediato y acumulativo en el organismo:

Hábitos positivos: Acciones como el ejercicio físico regular, una alimentación equilibrada y el descanso adecuado son prácticas que mejoran la capacidad funcional y previenen trastornos como la anemia o la hipertensión.


Conductas de riesgo: El consumo de drogas, alcohol y tabaco actúa como un determinante negativo que puede derivar en enfermedades crónicas graves, incluyendo cirrosis hepática, cáncer, cardiopatías y trastornos degenerativos.


Equilibrio químico: El estado de salud depende del equilibrio u homeostasis entre las sustancias exógenas (como nutrientes o toxinas) que introducimos en el cuerpo y las endógenas que este produce.


2. Influencia en la salud mental y emocional


Los estilos de vida también moldean la dimensión psicológica del bienestar:

Manejo del estrés: Prácticas como el mindfulness, el yoga terapéutico y las técnicas de relajación ayudan a regular las emociones, reducir la ansiedad y fortalecer la autoconsciencia.


Autocuidado y resiliencia: El desarrollo de hábitos sanos de relación y de creatividad contribuye a una vida más plena y disminuye el riesgo de desarrollar dependencias o sufrir recaídas en conductas adictivas.


3. Factores que moldean el estilo de vida


El comportamiento individual no ocurre de forma aislada, sino que es influenciado por el entorno:


Publicidad y consumo: Los mensajes publicitarios a menudo intentan crear necesidades artificiales o promover valores y comportamientos que pueden ser poco saludables, convirtiendo marcas en símbolos de identidad grupal.


Presión social: Especialmente en la adolescencia, el deseo de afiliación al grupo puede empujar al individuo a adoptar estilos de vida de riesgo para evitar el conflicto o sentirse aceptado.


Proyecto de vida: Contar con metas y objetivos personales aporta un sentido a la existencia, lo que favorece la adopción de decisiones autónomas y críticas frente a las presiones externas.


4. La promoción de la salud


Para asegurar un buen estado de bienestar, es necesario implementar acciones que fortalezcan los conocimientos y actitudes de las personas para que opten por estilos de vida saludables. Esto incluye no solo evitar sustancias nocivas, sino también participar en actividades comunitarias, recreativas y culturales que promuevan el autocuidado y mejoren el entorno social.



¿Cómo afecta el alcohol al metabolismo y al cerebro?


El alcohol afecta al organismo humano de manera profunda, alterando tanto el procesamiento químico de sustancias (metabolismo) como el funcionamiento del Sistema Nervioso Central (cerebro).


Impacto en el metabolismo


El proceso metabólico del alcohol consta de cuatro etapas principales: absorción, distribución, metabolización y eliminación.


Absorción y Distribución: El alcohol no requiere digestión; se absorbe principalmente en el intestino delgado (duodeno y yeyuno) y pasa directamente a la sangre. Al ser soluble en agua, se distribuye por todos los tejidos en proporción a su contenido de agua, pero no se disuelve en las grasas.


Metabolización en el Hígado: El hígado es responsable de asimilar el 90% del alcohol ingerido. El proceso químico principal es:


    1. El alcohol (etanol) se transforma en acetaldehído mediante la enzima ADH (alcohol deshidrogenasa).


    2. El acetaldehído se convierte en acetato (ácido acético) por la enzima ALDH.


    3. El acetato entra en las mitocondrias para generar energía (ATP), CO2 y agua.


Vías de Emergencia: Si la cantidad de alcohol es excesiva, el hígado se sobrecarga y activa sistemas alternativos como la Vía Catalasa y el Sistema M.E.O.S. para evitar un colapso hepático.


Desequilibrios Químicos: El metabolismo del alcohol produce un exceso de NADH, lo que puede causar hipoglucemia (bajo azúcar en sangre), acidosis metabólica por exceso de lactato y la acumulación de lípidos en el hígado (hígado graso).


Eliminación: El 10% restante se expulsa sin transformar a través de la orina, el aliento y el sudor.

Impacto en el cerebro


El alcohol actúa como un depresor del Sistema Nervioso Central (SNC), afectando la comunicación neuronal.


Alteración de la Conciencia: El alcohol y su metabolito, el acetaldehído, pueden atravesar la Barrera Hemato-Encefálica (BHE). Esto produce perturbaciones en la percepción, el pensamiento, el juicio, los reflejos y la coordinación motora.


Mecanismo de Adicción: Cuando grandes cantidades de acetaldehído acceden al cerebro, interactúan con neurotransmisores para generar sustancias con propiedades opiáceas (como las tetrahidroisoquinolinas), lo que aumenta la adicción.


Tolerancia y Cambios Neuronales: El cerebro intenta compensar la presencia constante de alcohol modificando las neuronas. Esto incluye un incremento en la rigidez de las membranas neuronales, lo que obliga al individuo a consumir dosis más altas para obtener el mismo efecto y evitar el síndrome de abstinencia.


Deterioro Cognitivo y Emocional: El abuso prolongado provoca daños degenerativos que se manifiestan en amnesia (pérdida de memoria), lentitud de pensamiento, temblores, crisis de ansiedad y depresión.


Efectos en Estructuras Específicas: Desde la neurociencia se observa que el alcohol puede causar hiperactividad en la amígdala (relacionada con el miedo y las respuestas impulsivas) y debilitar la corteza prefrontal, encargada del autocontrol y la toma de decisiones.


En los adolescentes, estos efectos son más graves porque tanto su hígado como su sistema nervioso están aún "en construcción" y no tienen la madurez para tolerar o metabolizar la sustancia de manera eficiente.



¿Cómo se calcula la tasa de eliminación del alcohol?


El sistema no ha podido responder.


¿Cómo se calcula la tasa de eliminación del alcohol?


Para calcular la tasa de eliminación del alcohol en el cuerpo, es necesario considerar que el organismo se deshace de la sustancia de manera progresiva, principalmente a través del metabolismo hepático. Según las fuentes, el cálculo se basa en la capacidad del hígado y en variables físicas individuales como el peso y el sexo.


A continuación se detallan los pasos y fórmulas clave para determinar esta tasa:


1. Capacidad metabólica estándar


El cuerpo humano tiene un límite biológico para procesar el alcohol. De promedio, el hígado se encarga de asimilar el 90% del alcohol ingerido.


En hombres: El cuerpo elimina entre 8 y 10 gramos de alcohol puro por hora.


En mujeres: Esta capacidad es ligeramente menor debido a que disponen de menos enzimas gástricas para degradar el etanol y un menor volumen de líquido corporal.


2. Cálculo del descenso horario de la alcoholemia


Para conocer cuánto baja el nivel de alcohol en sangre (gramos por litro) cada hora, se utilizan los siguientes valores de referencia según el peso:


Hombres: El nivel de alcoholemia baja cada hora 0,1 gramos de alcohol por cada kilo de peso.


Mujeres: El nivel de alcoholemia baja cada hora 0,08 gramos de alcohol por cada kilo de peso.


3. Factores que determinan el tiempo de eliminación


Para estimar el tiempo total que el cuerpo tardará en estar libre de alcohol, primero se debe calcular la alcoholemia inicial (Gramos de alcohol puro / [Peso x constante de género 0,7 o 0,6]) y luego dividirla por la tasa de descenso horario.


Las fuentes ofrecen ejemplos prácticos de estos tiempos:


Ejemplo en cerveza: Un hombre de 75 kg que consume medio litro de cerveza (4º) tardará aproximadamente 2 horas y cuarto en eliminarlo totalmente. Una mujer de 60 kg que consuma la misma cantidad tardará unas 3 horas.


Ejemplo en licores: Un hombre de 90 kg que consume dos copas de licor (43º) eliminará el alcohol en 2 horas y media, mientras que una mujer de 55 kg tardará 4 horas y tres cuartos para la misma ingesta.


4. Mitos sobre la aceleración de la eliminación


Es importante resaltar que el único método eficaz para que desaparezca la alcoholemia es dejar pasar el tiempo. Las fuentes advierten que los siguientes "trucos" no funcionan para acelerar la eliminación:


Hacer ejercicio o vomitar: Solo eliminan una cantidad mínima de alcohol y no afectan al alcohol que ya está circulando en la sangre.


Duchas frías o tomar café: Pueden despejar momentáneamente la sensación de somnolencia, pero no reducen ni metabolizan el nivel de alcohol en el organismo.


Consumo de estimulantes: Mezclar alcohol con otras drogas para "activarse" no reduce la alcoholemia y puede provocar daños graves al hígado o riesgos de derrame cerebral.


De acuerdo con la Norma Oficial Mexicana NOM-028-SSA2-2009 (enfocada en la prevención, tratamiento y control de las adicciones), el consumo perjudicial se define mediante criterios cualitativos sobre el comportamiento del individuo y criterios cuantitativos basados en herramientas de evaluación clínica.


Los factores determinantes son los siguientes:


1. Definición normativa (Criterios cualitativos)


Según el numeral 3.15 de la norma, el consumo perjudicial se identifica por tres factores clave:


Uso nocivo o abuso: Se trata de un empleo de sustancias psicoactivas que ya está causando daños.


Patrón desadaptativo: El consumo no es un evento aislado, sino una forma recurrente de ingerir la sustancia que afecta la adaptación del individuo a su entorno.


Consecuencias adversas significativas: La persona manifiesta problemas graves y repetitivos (físicos, psíquicos, sociales o legales) directamente relacionados con el consumo.


2. Evaluación clínica (Criterios cuantitativos)


La norma establece el uso de la Prueba de Identificación de los Trastornos por Uso de Alcohol (AUDIT), desarrollada por la OMS, como el instrumento oficial para detectar estos patrones. Un consumo se clasifica específicamente como perjudicial cuando se obtiene el siguiente puntaje:


Puntuación de 16 a 19 puntos: Este rango indica que el individuo ha superado el "consumo de riesgo" (8-15 puntos) y presenta un patrón perjudicial que requiere intervención especializada.


3. Manifestaciones del consumo perjudicial

Para determinar este estado, los profesionales de la salud evalúan si en los últimos 12 meses el usuario ha presentado situaciones como:

• Incapacidad para cumplir con obligaciones (estudios, trabajo, familia) debido al consumo.


• Necesidad de beber en ayunas para recuperarse de una ingesta anterior.

• Sentimientos de culpa o remordimiento tras haber bebido.

• Haber sufrido o causado lesiones a terceros bajo los efectos de la sustancia.


• Preocupación de familiares o médicos por su forma de consumir.

Finalmente, la norma señala que si se identifica a una persona en este nivel, el personal de salud tiene la obligación de derivarla a un servicio de tratamiento especializado para evitar que progrese hacia una dependencia total.

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